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MEMORANDO QUINTO ORDEN

A.Beniaján

Un memorando de Quinto Orden. Qué pasó. Cómo salió. Cómo se hizo. Quién lo hizo. Quién lo vio. Qué me perdí. ¿Se repetirá? Soy Javier Arnedo, organizador de la I Muestra de guitarra vanguardista ‘Quinto Orden’, que tuvo lugar en el Auditorio Municipal de Beniaján. Todo un honor poder programar donde he trabajado durante tres años junto a los profesionales que lo mantienen activo.

La verdadera pregunta es, ¿le hacía falta a Beniaján (a Murcia) un festival como este? En una ciudad que desde hace unos años se considera la nueva Granada por cuna del indie-rock, creo que abrir un espacio de reunión para guitarristas que se expresan más allá de un canon, era y es necesario. Así lo demostró la gran afluencia de público que se desplazó de la capital al pueblo y no al revés. Incluso los que desde sus balcones, en vez de cerrarlas, abrían las ventanas para escuchar a Raúl y Paco Frutos romper la tranquilidad beniajanense. Con un bajo de una cuerda, una guitarra española y un tres cubano, dieron un concierto cargado de folclore no solo como ellos lo entienden, sino como el público, sentado, silencioso, respetuoso, lo admiró. Todo esto convidado el respetable a cerveza y comida, factor que suele abrir las gargantas de la gente para gritar, hablar y festejar sin escuchar lo que pasa. Sin embargo, solo abrieron la boca para pedir bises.

 


Dentro del auditorio asistimos a las improvisaciones de guitarra del dúo Emboscadas Tropicales, piezas que navegan por el afrosamba de Brasil tocadas con la delicadeza con que monta un jubilado un barco dentro de una botella. Concierto sin a penas pausas, hecho que carece de importancia, pues de la hipnosis de Miguel Gallego y Jesús Fictoria solo se sale cuando ellos mismos chasquean los dedos.

 


Tras ellos Cachorro: cruce de razas entre lo clásico y lo electrónico a golpe de guitarra española, eléctrica y sintetizadores. Una propuesta que yo, como miembro no objetivo de la banda, considero simbólicamente eje de este festival que reivindica la guitarra como lápiz de una línea continua entre las raíces y el presente.

 


Que la guitarra es un instrumento donde todo empieza, dio cuenta La Josephine cerrando la jornada al extremo. Mostrando a los más atrevidos que la idea parte de tres o cuatro notas punteadas, luego encaminadas por una serie de pedales y efectos hasta acabar en una pompa de sonido reverberante a punto de explotar.

Lo más curioso es que, ante este macabro eclecticismo ausente de estilo común, un público profundamente heterogéneo, confluyó en armonía dando cuenta de que el concepto es más importante que el color o el trazo. Jóvenes y mayores que en apariencia no tienen más en común que la nacionalidad, pusieron sus oídos al servicio de una guitarra que, como cantaba Andrés Segovia, «no tiene cencia». Será por lo imprevisible o por el mellizo tono de sus sangres.


Agradecemos gravosamente la colaboración de El Sur, El Jardín de los Dragones, Piso28 y el apoyo de La Lanzadera en la coordinación del evento.


El año que viene, más.